Conjunto de viviendas sociales y diseño de baño móvil_1er premio concurso de ideas arquitectónicas 2015

CUSTOMIZAJE

Customizar -del inglés costumize- significa adaptar el producto al gusto del cliente. Es decir, modificar algo de acuerdo con las preferencias personales de cada uno.

En el campo de la arquitectura, cuando diseñamos edificios, sucede lo contrario: con frecuencia los planteamos como objetos acabados en sí mismos, que imponen unas funciones y una estructura espacial determinada. Una arquitectura que dicta a las personas como deben vivir en ese entorno.

Bajo el título de customizaje, hemos propuesto un proyecto que invierte esta tendencia impositiva, y coloca a los individuos y sus necesidades en el centro.

El programa al que se pedía dar respuesta era la creación de un conjunto de viviendas sociales en el barrio de la Marina-Prat Vermell (Barcelona). Estos apartamentos debían cumplir el régimen de alquiler, de modo que sus habitantes iban a ser desconocidos y cambiantes. Para que las viviendas, el edificio, e incluso el barrio, pudiesen satisfacer las necesidades de estos futuros habitantes, consideramos que sólo había una forma: apostar por una máxima ADAPTABILIDAD, que permitiese diversidad de respuesta ante cada necesidad.

Necesidades a resolver no solo en referencia a la manera de habitar de cada individuo, sino también a otros aspectos (que consideramos igualmente significativos y que la vivienda social debe satisfacer) como son: el trabajo, el consumo, las relaciones, el deporte, el cuidado de niños….

En la práctica arquitectónica, encontramos que los elementos más rígidos de una casa son las zonas húmedas, al plantearse siempre como elementos fijos, conectados en vertical con el sistema de alcantarillado. Nuestra aspiración de lograr la máxima flexibilidad para los usuarios nos empujó a diseñar el baño y la cocina como “muebles” trasladables por el inquilino. Gracias a la libertad de colocación de este “mobiliario”, las necesidades espaciales en cada unidad habitacional serían fácilmente personalizables.

La repercusión medioambiental de estas zonas húmedas portátiles también fueron un aspecto importante que tuvimos en cuenta. Por una parte, su uso reduciría el consumo de agua limpia y recursos asociados con el alcantarillado, ya innecesario; y por la otra, permitiría la reutilización de los excrementos, como valioso abono y fertilizante para los huertos comunitarios de la cubierta y del vecindario.

La vivienda predominante sería de 40 m², puesto que recientes estudios lo señalan como el espacio más demandado. Sin embargo, quisimos tener en cuenta los diferentes sistemas familiares y diseñamos la disposición de los apartamentos de tal forma que permitiría unir varios, formando viviendas de tamaño múltiple. Además, se proponía apartamentos de 60 m² y duplex de 80 m² .

La vivienda se vería complementada por el uso del edificio y del barrio, diseñados para expandir las posibilidades espaciales del habitar cotidiano y favoreciendo así una gran variedad de servicios comunes, como huertos y zonas de deporte en cubierta, salas de estar y cocinas comunitarias en cada planta, espacios colectivos del subterráneo, etc.

El sótano estaría dotado de gran significación, ya que, al ser liberado del tradicional uso de aparcamiento – situando un edificio de carsharing en el barrio-, albergaría importantes usos compartidos, como co-workings, guardería, salas polivalentes y talleres. Estos espacios comunitarios del edificio, así como los previstos en el barrio, cumplirían además la importante función de socialización.

Las nuevas tecnologías y su papel en la sociedad fue un elemento fundamental en el diseño de la propuesta porque nuestra forma de relacionarnos, de habitar, incluso de entender el empleo, ha cambiado. Por ejemplo la idea de “empleo en casa” nos sirvió para favorecer la conciliación familiar-laboral ofreciendo diferentes lugares de trabajo en el edificio. Consecuentemente, se dispondría de espacios de co-working, reuniones y talleres en planta sótano. Los duplex de planta baja y primera acogerían viviendas-taller. La adaptabilidad de los apartamentos y los espacios comunes favorecerían una óptima acomodación del espacio doméstico y laboral.

Para gestionar la utilización de estas zonas comunes, así como la colaboración vecinal, se diseñaría un conjunto de aplicaciones para dispositivos móvil que conectaría las viviendas, el edificio y el barrio, de manera virtual, con las personas. Esta red tecnológica se convertiría en otra estructura imprescindible, además de la física, para asegurar la firmeza de la convivencia ciudadana. Se favorecería, a través de ella, los usos culturales, educativos y sociales de los espacios potenciando la identidad de este barrio industrial en transformación.

Por todas estas razones creemos que nuestro proyecto tiene una doble aspiración: por una parte, priorizar el alojamiento de alquiler, ofreciendo posibilidades de personalización de la residencia; por la otra, afrontar la vivienda desde una perspectiva global. Cubrir la diversidad de necesidades de los habitantes es lo que permite hablar de una verdadera vivienda social, entendiendo a la misma, no como un mero conjunto habitacional, sino como una plataforma que permite construir comunidad, desde la autosuficiencia y la sostenibilidad, tanto social, como económica y medioambiental.

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