Fotografía
Iñaky Santiago
El equipo de AFuentes arquitectura desarollamos la rehabilitación de la fachada del edificio Alfill. Renovamos la piel del edificio Alfill para que volviera a respirar bien: más seguro, más eficiente y, además, con una presencia sobria que envejece mejor. No es solo “reparar una fachada”; es asegurar que quienes viven dentro se sienten tranquilos cuando sopla el viento, cuando llueve y cuando miran su edificio desde la calle. Coordinamos todo con la comunidad para reducir molestias y, la verdad, para que el cambio se notara en el resultado y no en el día a día de los vecinos.
Alfill forma parte del paisaje cotidiano de la Gran Vía de Murcia. Llegamos cuando la fachada empezó a “hablar”: pequeñas fisuras, piezas sueltas, barandillas fatigadas. Y es que los edificios, como las personas, dan señales.
Respondimos con un plan quirúrgico: primero escuchar (diagnóstico), después cuidar (conservación de lo valioso) y, por último, actualizar lo necesario para las próximas décadas.
El punto de partida no engañaba: frentes de piedra con roturas y desprendimientos, pilastras corroídas que empujaban y fisuraban el soporte, y lamas inferiores deformadas —algunas literalmente a punto de caer—.
Intervenimos pieza a pieza: consolidamos donde se podía salvar, sustituimos donde la seguridad lo pedía y protegimos todos los encuentros sensibles con sellados, impermeabilización y tratamientos anticorrosivos. En resumen, estabilizamos la envolvente y devolvimos coherencia estética sin perder el carácter original.
En la galería verás el viaje completo: del saneado inicial a los refuerzos, del ajuste de barandillas a la recuperación de cornisas, de los encuentros afinados al acabado final. El contraste antes/después no es solo visual; también se traduce en silencio interior, en menos filtraciones y en menos sustos con el mantenimiento.
Antes de tocar nada, abrimos “la historia clínica” del edificio: inspecciones, catas y lecturas de patología para entender causa y efecto. Por ejemplo, la corrosión en anclajes metálicos había migrado a la piedra y a los frentes de forjado; las lamas inferiores, con tornillería fatigada, ya no trabajaban como debían. Con esa foto clara, evitamos soluciones genéricas. Cada zona recibió su receta: reparar, reforzar o sustituir según el caso, como harías con una joya antigua que quieres seguir usando.
No tratamos piezas aisladas, sino un todo. Consolidamos y, cuando no había alternativa, reemplazamos frentes de piedra; reparamos puntos de forjado afectados; reanclamos barandillas y plementería para que trabajen seguras; y sustituimos lamas por un sistema estable y bien fijado. Además, sellamos juntas críticas, aplicamos anticorrosivos y mejoramos la estanqueidad. ¿El resultado? Menos mantenimiento, menos riesgo de desprendimientos y una fachada que, sencillamente, dura más.
El objetivo principal era mejorar la seguridad, el confort y la eficiencia real. Por eso cuidamos puentes térmicos en encuentros, afinamos la estanqueidad y elegimos acabados compatibles y durables. Trabajamos con metodología BIM y enfoque de biohabitabilidad —porque lo que pasa en la piel del edificio se nota dentro—. Y lo hicimos por fases, coordinando horarios y accesos, para que el edificio siguiera con su vida mientras lo poníamos a punto.
A continuación se detallan las características técnicas y de autoría de la reforma de fachada Alfill

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