Fotografía:
Iñaky Santiago
“Dos con Treinta y Cinco” es una transformación de local en vivienda en planta baja que convierte un espacio pensado para vender… en un lugar para vivir de verdad. En Puente Tocinos (Murcia), un bajo de 58,10 m² construidos se reordena con cirugía fina (sin tocar estructura) para conseguir una vivienda compacta, luminosa y tranquila: salón-cocina abierta, dormitorio a fachada y baño al fondo, aprovechando lo que ya funcionaba y mejorando lo que, en un local, suele fallar: confort, privacidad y cumplimiento normativo.
Los locales vacíos son una especie de “tiempo muerto” urbano. Y lo interesante es que, con un buen proyecto de cambio de uso, pueden volver a sumar vida al barrio. En este caso, el reto era claro: mantener la lógica del edificio (uso residencial ya existente) y convertir el bajo en una vivienda que cumpla habitabilidad, ventilación e iluminación natural, sin trucos raros. La solución pasa por una distribución directa y cómoda, y por “hacer fachada” de verdad: abrir donde hace falta, proteger donde conviene y diseñar una vivienda que no parezca un local disfrazado.
El punto de partida era el típico: un interior con compartimentaciones de local y una fachada con escaparate y acceso retranqueado. El proyecto replantea la relación con la calle: se elimina el escaparate y se sustituye por un hueco de dormitorio; se adelanta el acceso mediante puerta-bandera y se incorpora un hueco vertical de suelo a techo en el salón para garantizar luz y ventilación donde antes no llegaban suficientemente. Por dentro, se mantiene el baño, se coloca la cocina abierta junto a él y se redefine el espacio para que el salón respire. Y, ya que la altura estaba ahí, se aprovecha para crear un altillo multiusos sobre la cocina.


En la galería se ve lo importante: el cambio no es solo “reformar”, es reconvertir. La luz gana terreno, la vivienda se ordena y la planta baja deja de sentirse expuesta. Hay fotos del resultado final y del antes/después, donde se entiende de un vistazo cómo una operación relativamente contenida puede transformar por completo la experiencia espacial.
Una vivienda no puede depender de la buena suerte. Aquí se dimensionan huecos y se ordenan estancias para que salón y dormitorio tengan ventilación e iluminación natural directas, y para que la ventilación híbrida (admisión + extracción) haga su trabajo sin dramas: aireadores en carpinterías y extracción mecánica en cocina y baño. Resultado: un interior luminoso con aire limpio.
Vivir en planta baja puede ser estupendo… o un festival de ruido y pérdidas térmicas. Para evitar lo segundo, se refuerza la envolvente por el interior con trasdosados autoportantes y aislamiento de lana mineral (fachada y medianeras), y se renueva la carpintería con RPT y vidrio con baja emisividad, además de persianas y soluciones de ventilación integradas. Todo esto se nota donde importa: menos ruido, menos demanda energética y más sensación de refugio.
En una vivienda compacta, el almacenamiento no es un capricho: es supervivencia. Sobre la cocina se elimina el falso techo y se aprovecha la altura libre hasta forjado (3,60 m) para crear un altillo de almacenaje, liberando el resto de la casa de armarios invasivos y manteniendo el salón despejado. Complementan la estrategia los armarios empotrados y el pequeño gesto de diseño que evita que el baño abra directamente al estar.
A continuación se detallan las características técnicas y de autoría de la vivienda.

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